Pintura táctil

La obra de Berta Kolteniuk es esencialmente experimental, está constituida de tiempo y de actos. Cada elemento perceptible es evidencia de una reacción química, física y corporal. Es pintura de choques, de resistencias, de combinaciones y de gravedades, que abre nuestros cuerpos a una visualidad táctil, y engendra la múltiple cualidad de ser: forma, hueco, contenedor, vacío, anverso y reverso, en la que el plano se libera de la estabilidad del lienzo para volverse elasticidad, mutar a piel, poro, capa, pliegue. Materialidad permeable y con memoria. Declaración que enreda forma y concepto.

 

Para hablar sobre esta obra, hay que intentar ser fieles en la trasmisión de nuestra experiencia frente a ella. Su contundencia se constata o no, a través de los sentidos. La sorpresa de sus formas, texturas, masas, pesos y gestos alude a su propia materialidad y naturaleza pictórica. Cada detalle es clave sobre el cómo y de qué está constituida.

 

Pintura en movimiento de forma variable. Su resultado es producto de una cadena de fluctuaciones que relacionan la decisión con lo arbitrario. Pareciera involucrar la presencia de una animalidad latente mediante el pálpito, que nos recuerda que está viva.

 

Es su errancia, la que no busca remediarse ni domesticarse, que nos estimula ante las posibilidades conceptuales que la pintura contemporánea guarda aún hoy en día, y que nos abre a preguntas como: ¿qué se sentirá tocarla? Con el afán de acercarnos más a ella.

 

María José Alós

CDMX, México

Octubre, 2016